Inspirada en una leyenda china sobre zorros con nueve colas que se transfiguran en seres humanos y les roban el alma, explica la historia de Yobi, una joven zorrita de sólo cinco colas, que vive en el bosque de una montaña en compañía de un grupo de extraterrestres que se estrellaron allí un siglo atrás. Después de entrar en contacto con un grupo de niños y niñas que se encuentran en el bosque de colonias, Yobi soñará convertirse de manera permanente en humana. Pero con el fin de conseguirlo tendrá que robar el alma de un niño al cual ame de todo corazón.

(Imágenes extraídas de www.cine21.com)
Segundo largometraje de Lee Seong-kang, Yobi. The Five-Tailed Fox viene a desmentir (confiamos que sólo de manera provisional) los optimistas vaticinios que apuntaban a este autor, después de su debut con My Beautiful Girl, Mari (1) (2002), como el futuro eje central en la revitalización del cine de animación coreano. Difícilmente podrá serlo si realiza un film cada lustro, si bien en una industria tan moderada, quizás eso no sea un factor clave. Lo que sobre todo no permite Lee ser el líder de una nueva generación de cineastas, una figura inspiradora, es que no está construyendo un discurso lo bastante sólido (me refiero a continuado e identificable; e insisto, a pesar de aquello que podamos entrever ahora, estamos hablando de una carrera con sólo dos títulos, todavía con posibilidades de evolucionar).
Hay demasiadas diferencias entre 'Mari' y 'Yobi'. Después de la primera se quiso comparar Lee con Miyazaki Hayao, pero si por alguna cosa destacaba su bella y lúcida historia sobre los sueños de la infancia era por una personalidad propia encomiable. Su nuevo trabajo, en cambio, ha perdido buena parte de aquellas señas de identidad, provocando que, curiosamente, las influencias miyazakianas, ahora sí, se vuelvan más evidentes (sobre todo en el conjunto de personajes secundarios, en especial el grupo de divertidos extraterrestres). Yobi es obviamente un proyecto pensado para amoldarse a un estándar, a un esquema que funciona y que, por lo tanto, puede asegurar una rentabilidad en un contexto de producción que no está para muchas florituras. Lee deja atrás la narración poética y se decanta por un modelo de fantasía más prosaico, al cual contribuye una tecnología de animación verdaderamente sofisticada, pero más convencional y sin el encanto naif de las texturas Flash de Mari. De la misma manera, la historia transita también por caminos algo atestados: los del cine infantil y familiar, plácido y sin aristas (resulta un poco frustrante para aquéllos que esperan alguna cosa más que pura fantasía, ver como una idea adulta como que los niños protagonistas (o más bien secundarios, excepto uno) se encuentren en un campamento para chicos y chicas "con problemas" se quede en una simple mención (2)), aunque el ambiguo final deje un cierto sabor agridulce.
No estoy diciendo que no valga la pena ver Yobi. En realidad, éste no es en absoluto mi pensamiento. La película funciona muy bien, es agradable y divertida, llena de buenos detalles de todo orden, y en su parte final, aunque resulta un poco confusa, hace un despliegue de inventiva de primer nivel. Sólo lamento la oportunidad perdida (no sólo por parte de Lee Seong-kang, sino también dentro de la industria de la animación surcoreana y mundial) de seguir construyendo un espacio de expresión personal en un contexto (el de los largometrajes de dibujos animados) demasiado a menudo ignorado por no ser lo bastante artístico.
Comentario colgado el 20/1/2008
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(1) Véase, por ejemple, el comentario de Darcy Paquet sobre este film en koreanfilm.org
(2) No llegamos a saber qué problemas tienen, ni estos afecta a la trama. ¿Por qué, entonces, se ha incluído este elemento?