"Hasta los años 50 el coreano se escrivía mayoritariamente con caracteres chinos"

 

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May 18

Título coreano:, Hwaryeohan hyuga (literalmente: “Magníficas vacaciones”, nombre en clave de la operación militar de represión contra la población civil de Gwangju)
Año: 2007
Género: Drama / Melodrama / Histórico
Temas: Masacre de Gwangju / Dictadura de Jeon Du-hwan / Sacrificio / Heroísmo / Amor frustrado / Juventud frustrada
Dirección: Kim Ji-hun
Guión: Park Sang-yeon
Reparto: Kim Sang-kyung (Min-woo), Lee Yu-won (Sin-ae), Ahn Sung-kee, Lee Jun-gi (Jin-woo)
Presupuesto
: 7,2 millones de dólares
Espectadores: 7,3 millones en Corea

 

 

En el año 1980 las protestas a favor de la democracia se multiplican en Corea del Sur. En la ciudad de Gwangju, como en otros lugares, los estudiantes salen a la calle y se enfrentan a los militares desplegados en cumplimiento de la ley marcial. Sin motivo aparente, el 18 de mayo los soldados empiezan a disparar a los manifestantes, matando e hiriendo a centenares. Como respuesta, grupos de civiles toman a la fuerza un cuartel de la policía y se apoderan de las armas almacenadas, con las cuales se enfrentan al ejército hasta echarlo de la ciudad. La situación se alarga hasta el día 27, en el que las tropas del gobierno hacen el último esfuerzo para reanudar el control de la ciudad. (Basado en hechos reales)

Kim Sang-kyung y Lee Yu-won protagonizan una historia de amor en medio del drama político. La reconstrucción de las manifestaciones populares, entre lo más interesante del film.
(Imágenes extraídas de www.cine21.com)

El incidente o masacre de Gwangju (ver sinopsis) se había llevado al cine (coreano) en más de una ocasión, pero nunca a través de una aproximación frontal. La opción de filmes como A Petal (Jang Sun-woo, 1996), Peppermint Candy (Lee Chang-dong, 1999) o An Old Garden (Im Sang-soo, 2006) era la de dialogar con el trágico suceso a partir de los efectos secundarios que éste había provocado en sus personajes: un trauma psicológico en el film de Jang ; en el de Lee, un recuerdo torturador; y una rémora para la vida presente y futura en la reciente cinta de Im. En el año 2007, con una distancia de seguridad más que considerable (27 años), aparece May 18 (1), donde se relata con detalle y fidelidad (al margen de la anécdota personal de los personajes de ficción) los hechos ocurridos entre aquellos 18 y 27 de mayo de 1980. La apuesta de este nuevo acercamiento, sin embargo, es bien diferente de las anteriores: menos compleja, menos ideológica y más emotiva.

Los asesinatos se muestran de forma gráfica, pero sin excesiva crudeza.

Concebido como un producto comercial y de concordia (2), May 18 escoge voluntariamente dirigirse a diferentes audiencias, cada una de las cuales encuentra satisfacción en aspectos diversos del film. Los más interesados en los acontecimientos históricos quedarán satisfechos con la reconstrucción paso a paso de unos hechos negados oficialmente durante años, y que hoy muchos todavía desconocían en toda su dimensión (se observa, por ejemplo, el detalle de cómo algunos taxistas eran arrestados cuando intentaban llevas a los heridos de la calle a los hospitales). Los activistas se alegrarán del reconocimiento que se hace de las víctimas civiles del éxito, y del discurso abiertamente crítico con la actuación del aparato militar (aunque no se aventura a señalar a un responsable último de la matanza). La pega es que el retrato de personajes y el tono general de la función están orientados a provocar la lágrima fácil y no a motivar la reflexión, desactivando el sentido político del texto. Los esquemas de la película son los de un auténtico melodrama –ya se sabe, muy del gusto del público coreano–, demasiado cargado de tintas en la vertiente trágica, y marcado por un arquetipismo extremo en la encarnación de las figuras heroicas. Pero mirado de otra manera, esta tendencia, en contrapartida, es la que ha atraído a un público masivo (posiblemente poco concienciado, y en busca de dosis de entretenimiento cinematográfico) hacia un punto oscuro de su historia como sociedad; conformando, en definitiva, un blockbuster político, con las ventajas e inconvenientes que comporta.

Park Cheol-min y Park Won-sang dan la nota cómica... un tanto estrafalaria.

Finalmente, al observador distante, o simplemente a quién no le guste la manipulación emocional o no conecte con los mecanismos cómico-dramáticos del cine popular surcoreano, le queda el interés sociológico de poder apreciar el radical cambio de perspectiva, dentro de la propia sociedad coreana, en la valoración de unos recientes e influyentes hechos históricos, percibidos en su día (por inducción de las autoridades) como la traición de un grupo de rojos terroristas. El restablecimiento moral a las víctimas hecho ya en tiempo de la democracia inició un proceso de normalización que quizás haya cerrado esta película vista por más de siete millones de personas.

En otro orden de cosas, se tiene que comentar que May 18 salvó el honor del cine coreano en la taquilla nacional del 2007 (el primer año de la «crisis») junto con D-War (dir. Shim Hyung-rae). Dos cintas de contexto bastante peculiar, motivo por el cual quizás no se deban que extraer muchas conclusiones sobre el futuro o el presente de la industria del cine coreano. Lo único que queda claro, es que su (indudable) éxito no puede (o no tendría que) enmascarar una marcada tendencia a la baja.

Comentario colgado el 03/07/2008

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(1) Según una encuesta aparecida unos meses antes del estreno de la película (¿casualidad?), el incidente de Gwangju era el hecho histórico que más surcoreanos querían ver trasladado a la gran pantalla.

(2) Las protestas de algunos militares por lo que consideran una difamación se han de considerar anecdóticas.

Cinema Kim © copyright Jordi Codó.