La señora Oh vive acomodadamente con su marido, profesor universitario, y su hijo. Pero la familia va un poco justa de dinero últimamente, de manera que decide –después de pedir permiso a su marido– aceptar un trabajo de dependienta en una tienda de artículos occidentales. Su nueva vida lejos de casa y de los entornos tradicionales, la incitará a disfrutar de los placeres que la nueva sociedad de posguerra le ofrece, y empezará a frecuentar las salas de baile en compañía de dos de sus pretendientes, el propietario de la tienda donde trabaja y un joven estudiante que vive al lado de su casa. Paralelamente, su marido también empieza a verse con una de sus estudiantes.

(Imágenes extraídas de www.seoulselection.com)
En el año 1956, acabada la ocupación japonesa y la guerra entre el norte y el sur, Corea empieza su recuperación, a la vez que experimenta importantes cambios. La presencia del ejército americano permitirá la entrada de influencias foráneas (Corea había sido tradicionalmente un país muy cerrado), y todo aquello occidental se pondrá de moda, especialmente entre la gente joven. La ropa, la música, e incluso ciertas expresiones en inglés, como " good morning " o "I love you ", se incorporarán a la vida diaria de los coreanos. Otro cambio, más profundo, se producirá en la manera de hacer y de pensar. La tradicional sociedad confuciana dejará lugar, poco a poco, a otra más liberal y despreocupada. Eso se hará especialmente patente en las mujeres, que verán la posibilidad de superar su papel de madre y esposa abnegada, y tomar las riendas de sus vidas: trabajarán por su cuenta, formarán clubes femeninos, asistirán a fiestas... Madame Freedom, contemporánea a este proceso, retrata el ambiente de la época; es más, es su resultado, como también lo es de las contradicciones y conflictos que se ocasionaron.
La película adapta una popularísima novela por entregas que, durante diversos meses del año 1954, se publicó en un diario de Seúl. Su éxito fue tan grande que con el fin de la publicación las ventas del diario cayeron en picado. Al mismo tiempo, esta historia de flirteos, lujo y diversión, levantó las iras de los sectores más conservadores, que no veían con buenos ojos la dirección que la nación estaba tomando, y consideraban las actitudes y los escenarios de Madame Freedom como inmorales. La posterior adaptación fímica, no menos popular, fue también blanco de las críticas, e incluso de la censura (treinta metros del metraje fueron suprimidos para evitar ver a la Señora Oh dándose un beso con Choon-ho, el estudiante; o abrazando al marido de su jefa). Seguramente por eso (o quizás por la ideología de sus creadores), el discurso de la película da un giro conservador en su parte final (desconozco si la novela también). El atrevimiento y frivolidad de la Señora Oh serán finalmente castigados, y tendrá que suplicar perdón a su marido por haber desatendido sus responsabilidades como esposa y madre. Y eso que su marido también ha estado a punto de vivir una aventura con una alumna suya. La diferencia –nos dice la película– es que esta relación no ha llegado a ser consumada por el pudoroso sentido de la responsabilidad de los dos, y además, sus sentimientos eran de verdadero amor, no como los de la Señora Oh y sus sátiros amantes, que sólo buscan la diversión pasajera.
Este hábil vuelco argumental que tiene que hacer más aceptable la película para ciertas mentalidades, no puede esconder, sin embargo, las contradicciones del discurso (que, como decía al principio, son las de la época). El éxito de Madame Freedom no se puede separar de la fascinación que mucha gente sentía por la nueva moda, que la película aprovecha y alimenta. Aunque se quiera dar la impresión final de que la vida disoluta de los ambientes de baile y fiesta es pecaminosa, es innegable que el film la celebra en muchos momentos. El más claro, la primera escena en la sala de baile, en que la Señora Oh contempla maravillada a una bailarina que, muy sensualmente, se mueve al ritmo de un mambo. Aquí la cámara se recrea excesivamente en el número musical, haciendo evidente que su punto de vista ya no quiere ser el de la Señora Oh, sino el del espectador, que lo mira con el mismo entusiasmo.
Madame Freedom es la más popular y comentada de las (pocas) realizaciones de los años 50. Su importancia hoy en día radica en el hecho de que inicia la exitosa carrera del drama moderno, en un panorama dominado entonces por los dramas de época. El cansancio del público de éstos últimos forzó a un cambio de orientación. El director Han Hyung-mo, considerado un hábil retratista del espíritu de su época, y realizador de otro título importante del cine clásico coreano, The Hand of Fate (1954), lo supo ver, y apostó fuerte por la película. Madame Freedom es recordada también por sus hitos técnicos, ya que Han llegó a diseñar una grúa y una dolly que le permitieran unos movimientos de cámara nunca vistos antes en una producción coreana.
A pesar de la distancia cultural existente entre nosotros y una película coreana de los años 50, la trama principal de Madame Freedom es suficientemente comprensible como para hacerla fácil de seguir. Y a pesar de no tratarse de un film excepcional, su visionado es más que recomendable, por tratarse de un clásico, y sobre todo, por ser un extraordinario retrato de la época, tanto por aquello que explica como por aquello que es.
Comentario colgado el 23/01/2007