"La primera película coreana es del 1923"

 

 

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The King and the Clown

Título coreano:, Wang-ui namja (literalmente: “El hombre del rey”)
Año: 2005
Género: Drama histórico
Temas: Cultura tradicional / Homosexualidad
Dirección: Lee Joon-ik
Guión: Choi Seok-hwan
Reparto: Kam Woo-seong, Jeong Jin-yeong, Kang Seong-yeon, Lee Jun-gi
Presupuesto
: 4,5 millones de dólares
Espectadores: 12,3 millones en Corea

 

Nos situamos en Corea durante la dinastía Joseon (1392-1910 d.C.), donde observamos la errática vida de un grupo de actores de teatro de calle. En sus viajes por el país adquieren una gran popularidad, principalmente gracias a Jangsaeng, líder del grupo, y a Konggil, un joven de aspecto andrógino que se encarga de interpretar los papeles de mujer. Un día, después de representar una obra en la cual hacen burla del rey, son detenidos. Pero consiguen hacer un pacto, y es que evitarán la condena si son capaces de hacer reir al monarca. El rey no sólo reirá, sino que sentirá una fascinación tan grande por Konggil, que lo convertirá en su sirviente preferido, ante los celos de su esposa y también de Jangsaeng.

La película ha revitalizado el interés de los coreanos por su teatro popular tradicional. El entonces desconocido Lee Jun-gi se convirtió en el verdadero centro de interés del film.
(Imágenes extraídas de www.cine21.com)

La buena salud del cine coreano se constata en las clasificaciones de las películas más vistas del país. Cada año nuevos títulos (coreanos) baten el récord histórico de asistencia a las salas (1). En el año 2005 siete de los diez filmes más taquilleros eran de producción nacional, y la primera producción extranjera (en este caso, norteamericana) quedó relegada a la quinta posición. La lista la encabezaba The King and the Clown, un modesto drama histórico, que sorprendentemente (enseguida veremos por qué) se convirtió en un auténtico fenómeno de masas. Internacionalmente, sin embargo, no se ha apostando por ella, cosa extraña, ya que tanto por su contenido como por su estilo cinematográfico resulta plenamente accesible a un público extranjero, bastante más que una rareza (aunque sensacional) como The Host (tan comentada últimamente).

Lo más curioso es que donde parecía difícil que triunfara era en su país de origen. Hay muchos elementos en esta no especialmente cara producción que hacen extraña su popularidad. Para empezar, su temática no es la más propicia para atraer a la joven audiencia. Hasta entonces los grandes éxitos del cine coreano contenían buenas dosis de acción y se centraban en el mundo de la mafia o en la guerra de la dos Coreas (Shiri, JSA, Friend, Marrying the Mafia, Silmido, Taegukgi). Pero The King... aborda un tema histórico y centra su atención en el mundo de las artes tradicionales (aunque sean las populares), y ni siquiera lo hace con caras conocidas en la pantalla. Hasta cierto punto eso no nos tendría que sorprender, porque ya en el año 1993 se produjo un fenómeno similar con el éxito de Sopyonje, un drama rural sobre una familia dedicada al arte del pansori, un estilo tradicional coreano de canción. Este film de Im Kwon-taek se alzó, también inesperadamente, en un mercado dominado en aquel momento por producciones norteamericanas. Se dijo entonces que los coreanos se habían mostrado sensibles con la recuperación de unos valores (encarnados en la tradición) que les son propios, en un momento de globalización cultural. Me cuesta creer que éste sea el caso también ahora, entre otras cosas porque precisamente la consolidación del cine nacional entre el público haría innecesario este gesto.

Para explicar el éxito de The King... hay quien ha hablado del "efecto Lee Jun-gi", el actor que da vida a Konggil, cuyo aspecto parece haber atraído multitud de chicas adolescentes que ven en él a un nuevo modelo de hombre, más de su gusto que el típico macho. Pero eso habrá que dejarlo a los sociólogos. Como quizás también habría que dejarles explicar el motivo por el cual una película que habla claramente de homosexualidad, ha gustado tanto en una sociedad dónde este tema es un fuerte tabú. Aunque también le podríamos encontrar una explicación cinematográfica. Lo cierto es que las relaciones homosexuales se reflejan de manera muy sutil: el aspecto femenino de Konggil, la tan sólo insinuada atracción de Jangsaeng por éste, y la locura del rey, sirven para disimular un hecho que no por eso deja de estar allí.

Artísticamente la película tiene poco que ofrecer. Su estilo es correcto, pero plano. Está lejos del preciosismo que caracteriza a otros "exotismos históricos orientales" que tanto gustan en los festivales europeos, como los de Zhang Yimou o Chen Kaige, así como también de las extravagancias (al menos así las percibiría un público occidental) que pueblan la cinematografía coreana. Por eso, seguramente, no se espera gran cosa de ella en el mercado mundial. Aun así hay quien se tomó su salida al exterior como un asunto importante. Kim Yong-ok, uno de los más prestigiosos filósofos de Corea, se ofreció para hacer los subtítulos en inglés del film, con la intención de que quedaran claros los puntos más importantes de la cultura coreana que en él se reflejaban. Casi una cuestión de Estado.

Comentario colgado el 18/03/2007

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(1) Recientemente, la monster-movie The Host situó la marca en 13 millones de espectadores.

Cinema Kim © copyright Jordi Codó.