"La bandera coreana se inspira en la filosofía china"

 

 

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Hanbando

Título coreano:, H anbando (literalmente: “La península coreana”)
Año: 2006
Género: Ficción política
Temas: Corea Norte-Sur, relaciones Corea-Japón
Dirección: Kang Woo-suk
Guión: Kim Hui-jae, Lee Hyo-cheol
Reparto: J Jo Jae-hyun, Cha In-pyo, Ahn Sung-ki, Kang Shin-il, Moon Sung-keun, Kim Sang-joong, Kang Su-yeon, Baek Il-seop
Presupuesto
: 10 millones de dólares
Espectadores: 3,8 millones en Corea

 

Corea del Sur y Corea del Norte están a punto de dar un nuevo paso en su camino hacia la reconciliación inaugurando una vía férrea que cruzará la frontera por primera vez. Pero su deseo se verá frustrado el mismo día del acto solemne por causa de una reclamación del Gobierno japonés, que asegura poseer un documento escrito hace cien años por el Emperador coreano donde se les conceden los derechos sobre la línea de tren. Un historiador coreano dice poder probar que el documento es falso ya que fue estampado con un sello que no era el oficial. Mientras este hombre busca el sello auténtico, el Gobierno coreano tendrá que hacer frente a los diplomáticos japoneses y a su propia disensión interna.

La película también tiene algunos (pocos) momentos de acción. Las reuniones de políticos ocupan buena parte del metraje.

Pocos meses antes de la crisis política en el Asia Oriental causada por la prueba nuclear norcoreana, llegaba a las pantallas de Corea del Sur Hanbando, una película que plantea también la posibilidad de un escenario de conflicto en la zona, a pesar de que con los papeles un poco cambiados, y que es una muestra de algunos de los sentimientos e ideas populares que hay en Corea respecto de su vecino del norte, del Japón y de la comunidad internacional. Tendría que matizar y decir que priman los sentimientos por encima de las ideas, y es que uno tiene la impresión que Hanbando ha sido realizada con las entrañas.

Pero vamos por partes. No es la intención de Cinema Kim reflexionar sobre la política y la historia coreanas, pero es necesario presentar algunos hechos para aquéllos que no los conozcan, ya que resultan claves a la hora de entender la película. Hay que decir, para empezar, que Corea y Japón tienen una larga historia de conflictos, quizás el más cruel de los cuales es la ocupación de Corea por parte de los nipones al principio del siglo XX. Durante los cuarenta años que ésta duró (hasta al fin de la Segunda Guerra Mundial) se intentó una asimilación de la cultura coreana por parte de la japonesa (1). La posterior partición del país se ve como una consecuencia de esta ocupación y, por lo tanto, culpa de los japoneses. Hoy en día, las rémoras de aquellos hechos provocan constantes discusiones. Por ejemplo, las visitas de Junichiro Koizumi (el ya Ex Primer Ministro japonés) al santuario de Yasukuni (2); las supuestas manipulaciones históricas que el Gobierno japonés impone en los libros escolares con el fin de minimizar las atrocidades cometidas durante la etapa imperial del país; (3) o la disputa territorial por la pequeña isla de Dokdo ( Takeshima para los japoneses) (4). Estos hechos son los protagonistas de los primeros momentos de Hanbando, una sucesión de imágenes de noticiarios que muestran declaraciones y manifestaciones de rabia en contra de Japón (quema de banderas incluida) por parte de líderes políticos y población civil tanto de Corea como de China. Todo eso, como veremos después, no tiene una relación directa con la historia que se nos explicará, pero, como digo, está en la base del discurso de la película.

La intención de Hanbando –el título ya nos lo indica– es la de vender patriotismo. La audiencia coreana es aleccionada en su propia historia; incluso se le reprocha que no sepa lo suficiente, como lo demuestra la escena en que el historiador se enfurece con una clase de mujeres de mediana edad al considerar que frivolizan con la historia del país. Esta autoafirmación nacional se hace a costa de los japoneses, a quien el ridículamente maniqueo guión muestra como unos malvados manipuladores capaces de todo (¡incluso de otra ocupación militar de la península!) con el fin de seguir maltratando a Corea (5). No sólo eso, sino que además se presenta a una comunidad internacional que, demasiado preocupada por las implicaciones económicas del conflicto, se apunta a las tesis japonesas, como también lo harían (hipotéticamente) algunos miembros del propio gobierno coreano, auténticos traidores a la patria que han dejado los ideales de lado para arrodillarse ante el poder del dinero. En definitiva, una conspiración en toda regla que deja Corea (toda ella) desamparada, con el único recurso de hacer valer su orgullo nacional.

Lo más interesante de Hanbando para un espectador no coreano (ni japonés) es que parte de una realidad. No hablo de los hechos, demasiado forzados, sino del debate ideológico, del cual vemos las dos manifestaciones más extremas. Los sentimientos volcados en la película nos pueden ayudar a entender, en cierta medida, los movimientos políticos actuales en el Asia Oriental. Y nada más. Por el resto, se trata de un filme bastante aburrido (contribuyen las dos horas y veinte minutos de metraje), donde prácticamente todo sucede en despachos en que grupos de hombres vestidos con americana y corbata y la cara de piedra sueltan frases grandilocuentes que transmiten grandes ideales. Nada es creíble, y la descarada manipulación llega a provocar vergüenza ajena. Así que para alguien no específicamente interesado en Corea o en política internacional, Hanbando es una pérdida de tiempo.

Ni siquiera en Corea la película alcanzó el éxito que se le vaticinaba. La cifra final de casi cuatro millones de entradas vendidas es muy respetable, pero queda lejos de la de otros blockbuster coreanos, como Silmido (2003), título también dirigido por Kang Woo-suk (6) sobre un tema político, en este caso de confrontación entre la dos Coreas, y que llegó a la cifra de once millones de espectadores. Quizás el nacionalismo de Hanbando ha sido un arma de doble filo, ya que de la misma manera que podía atraer a las personas de entre 40 y 50 años, fuertemente educadas en el odio hacia el Japón, el público más joven, no muy politizado, habrá optado por alternativas más escapistas y entretenidas, como la comedia My Boss, My Teacher, la negra War of Flowers o la monster-movie The Host, los tres grandes éxitos de éste de año.

Comentario colgado el 12/12/2006

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(1) La lengua coreana estuvo prohibida, los coreanos tuvieron que adoptar nombres japoneses, la historia fue manipulada con la intención de certificar un supuesto origen común...

(2) Dedicado a los soldados muertos defendiendo Japón en diferentes guerras. Se encuentran algunos jefes militares acusados de cometer crímenes de guerra durante la Segunda Guerra Mundial, y de eso viene el malestar.

(3) Estos dos hechos son también motivo de polémica en China, otra víctima de la voluntad expansionista de Japón durante la primera mitad del siglo pasado.

(4) Situada a medio camino entre ambos países, Dokdo está rodeada de unas aguas ricas en peces. Japón reclama la posesión (que pasó a los coreanos después de la guerra) asegurando que ya le pertenecía antes de que ocupara Corea.

(5) El montaje en paralelo que se hace en ciertos momentos entre el conflicto presente y la recreación histórica de la ocupación japonesa, dan a entender que el japoneses quieren acabar el trabajo que no pudieron completar cincuenta años atrás.

(6) La carrera del cual está plagada de éxitos, ya que también fue el director de las dos entregas de Two Cops (1993, 1996) y Public Enemy (2002, 2005).

Cinema Kim © copyright Jordi Codó.