En la Manchuria ocupada por los japoneses de los años 30, tres coreanos van en busca de un mapa que los tiene que coinducir al lugar donde hay escondido un misterioso tesoro. Do-won (el Bueno) lo busca por encargo de la Resistencia coreana, aunque su ocupación es la de caza-recompensas; Chang-yi (el Malo) ha sido contratado por un corrupto funcionario coreano; mientras que Tae-goo (el Extraño) va por libre, preocupado sólo por el enriquecimiento personal. El mapa también es codiciado por los japoneses y los chinos, cosa que dificulta la tarea a los protagonistas, además de desencadenar una persecución frenética a lo largo y ancho del desierto manchú.

(Imágenes extraídas de www.hancinema.com)
Auténtica tabla de salvamento de la industria coreana en plena «crisis» (ya querrían la mayoría de cinematografías una crisis como la coreana), The Good, the Bad, the Weird fue un proyecto arriesgado (la segunda película más cara de la historia del cine surcoreano), pero en última instancia una apuesta ganadora (el film más taquillero del año). Lo más curioso del caso es que a pesar de sus dimensiones y reparto de estrellas, y de su papel de estandarte de un modelo industrial que apuesta por el gran despliegue de medios y la integración genérica con la voluntad de atraer una audiencia masiva y heterogénea, a pesar de todo esto, digo, no deja de ser también una obra de autor. Se trata de una paradoja habitual en el cine de Kim Ji-woon, hombre capaz de expresarse en un nivel individual dentro de los límites del (los) género(s) y el cine de entretenimiento, a través de de un talento visual y plástico al servicio de la manipulación y la hibridación genéricas, y de un concepto del estilo manierista e hiperbólico.(1) Todo eso está presente en The Good..., de donde, por otra parte, se han extirpado las habituales atmósferas densas y la violencia cruda y grotesca habituales en la obra de Kim, posibilitando que sea una emocionante película de aventuras, llena de acción y diversión a ritmo indomable para (casi) todos los públicos.
 |
Digo película de aventuras y no western, como se autodefine la cinta en los títulos de crédito ("WESTERN by KIM JEE-WOON"), porque su adscripción a este género es relativa, y parece más un gesto cinéfilo que un propósito de incorporarse a una cierta tradición fílmica. Decía André Bazin que "nos esforzaríamos en vano intentando reducir la esencia del western a uno cualquiera de sus componentes. Los mismos elementos se encuentran en otras partes, pero no los privilegios que parecen estarles unidos. Hace falta, por tanto, que el western sea algo más que su forma. Las cabalgatas, las peleas, los hombres fuertes e intrépidos en un paisaje de salvaje austeridad no bastan para definir o precisar los encantos del género. Estos atributos formales, en los que se reconoce de ordinario el western, no son más que los signos o los símbolos de su realidad profunda, que es el mito." (2) Pero The Good... no se caracteriza por el mito, sino por ser un equilibrado pastiche donde prima la aventura en la forma en que se practica en la posmodernidad (como se puede ver en las sagas de Pirates of the Caribbean e Indiana Jones): cómica, referencial, autoirónica y desmitificada. Por lo tanto, si queremos que sea un western (3) tenemos que aceptar que sólo puede serlo parcialmente, a través de su iconografía: paisaje, vestuario y esos 'duelos al sol' inspirados en Sergio Leone, invocado en el título e imitado en la trama argumental, pero de quien no se recoge ni el descreimiento moral (Do-won es un hombre enteramente bueno (patriota, idealista), a diferencia del Bueno que Clint Eastwood interpretó para Leone), ni el tempo dilatorio, ni el vaciado (o esencialización) de la forma y el género (todo lo contrario, el film de Kim está bien relleno: de subtramas, de elementos contextuales y de géneros, y filmado con una técnica filigranera). Sergio Leone, pues, como padrino, como guiño en un proyecto con personalidad propia, sobre todo coreana, como queda patente en el peculiar humor desplegado por Song Kang-ho.
La construcción de la trama es altamente arquetípica, atestada de premises dramáticas clásicas (la búsqueda del tesoro, la venganza, el conflicto de personalidades...). El recurso a las estructuras arquetípicas sirve para construir buenos armazones argumentales, y en este sentido es positivo, siempre que se parta del cliché para evitar acabar en él, como diría Hitchcock. Pero The Good... nunca llega a elevarse por encima de éste, aunque en algún momento pueda insinuarlo. Son diversos los temas que la historia plantea (la situación de los coreanos durante la ocupación japonesa, la posibilidad de redimirse del pasado y empezar una nueva vida o el sentido del deber y el compromiso comunitario), pero no desarrolla ninguno. Sólo Song Kang-ho es capaz de dotar de vida a su personaje (que no deja de revelarse plano), aportando un poco de humanidad a la función (no es extraño que acabe por cargar el peso de la historia y pareciendo el único protagonista). Mientras tanto, las energías de la dirección se depositan en la técnica y en ofrecer un producto entretenido. Es suficiente para justificar el visionado de la película, porque se disfruta, y de veras. Pero Kim nos había ofrecido más en películas anteriores.
Comentario colgado el 22/10/2009
------------------------------------------------------------------------------------------------
(1) Martínez, Beatriz: “Locura, terror y muerte. El Cine de Kim Jee-woon”, Nosferatu, nº 55-56, junio 2007
(2) Bazin, André: ¿Qué es el cine? Madrid: Rialp, 2001 (p. 245)
(3) [Spoiler] Un western crepuscular, habría que añadir, a causa de su final: el misterioso tesoro resulta ser petróleo (aprovechable económicamente, pero imposible de llevar para los protagonistas), signo de los tiempos que han cambiado (desconcertado, al verlo Tae-goo se pregunta: "¿Qué es eso"?).