En la futurista ciudad de Shit City el elemento energético más preciado son los excrementos humanos. Así las cosas, el gobierno controla a todos los ciudadanos cada vez que van a cagar, gracias a un dispositivo introducido en el ano en el momento de nacer. Para fomentar las deposiciones, por cada una de ellas se entregan unos pirulís hechos de una sustancia altamente adictiva, motivo por el cual se han convertido en un motivo de disputas y de codicia. Aachi y Ssipak, dos delincuentes juveniles, se tropiezan con Bonita, una actriz de porno a la cual le han introducido decenas de dispositivos de control anal, de manera que cada vez que caga es inundada de pirulís. Cuando eso se sabe, la mafia, el gobierno y la Banda del Pañal (un grupo de individuos pequeños, azules y estúpidos, adictos al pirulí) quieren secuestrarla. Aachi y Ssipak tratarán de protegerla... para sacar ellos el provecho.

(Imágenes extraídas de www.hancinema.com)
Habrá quien se lleve las manos a la cabeza, pero con Aachi and Ssipak la industria coreana de la animación ha hecho un paso adelante, el primero desde hacía tiempo. De entrada, se trata de un producto que abre nuevas vías de expresión y, sobre todo, de comercialización. Con él el cartoon coreano se diversifica, dejando a un lado las influencias japonesas y los temas serios, y apostando por un modelo tipo Beavis and Butt-Head, gamberro y desacomplejado, que apunta directamente a un público adolescente y juvenil. (La comparación es oportuna, porque precisamente la cadena MTV ha comprado los derechos del film para hacer una serie de televisión (1), cosa que confirma el paso adelante a que me he referido.) Esta particularidad (que la hace destacar entre tanta producción infantil), unida a su creatividad visual y altísima calidad técnica, han hecho que la película sea reconocida en casa (gana el primer premio del SICAF, festival de cine de animación de Seúl) y a fuera (en Sitges se lleva el galardón Anímate en la mejor cinta de animación (2)).
Pero no todo es tan positivo. Llegar hasta aquí no ha resultado fácil a sus creadores, que han tardado ocho años en poder completar su obra. El motivo no ha sido un complejo proceso de animación por ordenador (que también), sino problemas de financiación. En el año 2001, el director Jo Beom-jin y su equipo lanzaron a Internet una versión de las aventuras de Aachi y Ssipak de tres minutos de duración y animada en Flash, para testar la reacción del público ante su propuesta. Hasta tres millones de personas vieron el clip, corroborando lo oportuno de la idea. Pero en los dos años siguientes, My Beautiful Girl, Mari (2002) y Wonderful Days (2003) no cumplieron con las expectativas creadas, y los productores empiezan a desconfiar de los filmes animados. En este contexto, una película tan única como Aachi and Ssipak parecía un riesgo añadido, y el proyecto se detuvo. Finalmente se hace, claro está, pero la respuesta del público después de su estreno no ha sido tan buena como aquel cortometraje unos años atrás podría haber hecho pensar. Además, el film tiene que aguantar los ataques de aquéllos que le critican no ya su grosería e inclinación a la violencia, sino que esté vacío de contenido. No es que les falte razón. A diferencia de otros dibujos animados escabrosos y malhablados, como South Park, Aachi and Ssipak no tiene un mensaje detrás. Su representación de un mundo desastroso no lleva incorporada una reflexión de tipo ecológica o política. Simplemente, como dice Adam Hartzell, estamos ante un "futuro distópico en el cual la única redención posible pasa por divertirse con los despojos" (3).
No hay que buscarle, pues, los tres pies al gato. Jo Beom-jin nos lo deja todo bastante claro al plantear la película como un guiño constante al espectador, ya sea a través de su lenguaje y situaciones soeces, o de la cita constante a filmes como Alien, Akira, Basic Instinct, Misery, Indiana Jones and the Temple of Doom, Mad Max, y un largo etcétera, amén de otros iconos de la cultura pop como Batman y Superman. Por cierto que, a pesar de todas estas referencias foráneas, la cinta tiene un sabor auténticamente coreano, que se nota en el tipo de comportamiento adolescente de sus protagonistas, con su vocabulario escatológico, y en una banda sonora llena de canciones de grupos coreanos de hard-rock. También sus escenas cómicas recuerdan mucho a aquéllas que vemos en un gran número de películas coreanas de imagen real.
Éste es un film que, a diferencia de algunos de sus antecesores, tiene una personalidad propia (y patria), que tendría que ayudar a vender a la animación coreana en el mundo. Siempre y cuando nosotros estemos receptivos y en disposición de distinguir a unos asiáticos de los otros, claro está.
Comentario colgado el 03/11/2007
----------------------------------------------------------------------------------
(1) La compra de los derechos no implica que la serie se hará, sólo que podría hacerse. La información la encontré en www.twitchfilm.net que, por su lado, la extrajo de www.koreanfilm.org
(2) A los premios hay que añadir las invitaciones a multitud de festivales de todo el mundo.
(3) En www.koreanfilm.org